domingo, 2 de febrero de 2014

Once



6 a.m. y es hora de levantarse de mi tan cómoda cama y empezar a alistarme. La flojera típica de cada mañana gana la batalla y, media hora después, de un salto me dirijo a la ducha y por fin inicio mi ritual de cada mañana.
Las calles no están tan saturadas como en otras épocas del año. Las vacaciones, nadie sale de su casa, me digo. Llego temprano a la clínica, soy de los primeros en llegar. Incluso mucho antes que los internos (¡ja!). Como sobra tiempo, hago una rápida llamadita a mi querido joven enamorado que va por su segundo día en el nuevo trabajo (¡Genial! Empezamos ambos en la misma semana). Palabras de cariño van y vienen, una que otra joda por ahí y los buenos deseos de que ambos tengamos un excelente día.

8:10 a.m. y el profesor ya esta mirándome con cara de pocos amigos. Bien, el tiempo voló y muy rápido. Consigo un casillero en el depósito de la clínica y me dirijo a que me expliquen mis obligaciones durante estas semanas. Las primeras horas son bastante relajadas. Mi única labor es ir por los instrumentos y agentes que se necesiten y regresarlos una vez que ya no sean necesarios. Bastante simple. Finalmente, llegan las 11. Una hora más para poder retirarme por el día. Y es ahí cuando ocurre lo interesante.

Una voz desde la sala de espera captó mi atención. Era más aguda de lo normal, y lo que decía no podía entenderse con claridad. Se escuchaban el sonido de una silla de ruedas movilizarse por el pasillo y el sonido de la voz se volvía más fuerte, pero no más nítido. Como aun estaba ocupado con mover algunas cosas, dejé prestar atención y me concentré en mis deberes. A los pocos minutos, tuve que dejar mi sencilla tarea y me dirigí al gimnasio a apoyar en el tratamiento del paciente recién llegado. 
Lo que vi me sorprendió. Un joven se encontraba sentado en una de las colchonetas, con una pierna en posición algo fuera de la común, el brazo y mano de ese mismo lado se movía poco fuera de su control y presentaba rasgos de un problema neurológico en el rostro. Lo llamaré Juan, para facilitar un poco. A su lado, el interno intentaba guiarlo para que sentara en una pelota Bobath, pero era obvio que le faltaban manos para controlar la situación. Era momento de cumplir como apoyo. Realizamos algunos ejercicios, todos en aquella pelota y siempre sujetándolo. Se veía la enorme dificultad que implicaban aquellos ejercicios para el paciente. Y con la rapidez que llegó, se acabó el tiempo de sesión, y Juan tuvo que irse. Así acabo mi primer día.

Pasaron unas dos semanas. Pacientes iban y venían. Los horarios se fueron acomodando y ya casi no quedaba tiempo libre. Claro, hablando de los internos. Yo, me limitaba a llevar los instrumentos y eso. Nada especial. “Hacer hora” como dicen, hasta las 11, que llegaba Juan y se requería de mi ayuda. No me quejo, me gusta trabajar con él. Los últimos días, ha mostrado una buena mejoría para controlar sus movimientos. Me sorprende. Pero, más que la rapidez de cómo va evolucionando, me impresiona la actitud con la que se enfrenta a todo.
Desde que llegó, Juan se mostró dándolo todo en los ejercicios, nunca quejándose e incluso exigiéndose aun más para completar las tareas que se le proponen.

Ahora, aquel joven que progresa de forma muy satisfactoria es un gran ejemplo de cómo enfrentarse a la vida: siempre con una sonrisa, siempre viendo que es posible salir adelante y luchar para obtener aquello que tanto quiere (la mejoría y mayor control de sus miembros, en su caso). Es posible que haya situaciones en la que la frustración cubra aquel ánimo y el rostro sea opacado por la tristeza, desesperación o sentimientos de no poder dar más. Pero, así como Juan, tras luchar tanto y darlo todo en cada sesión, ha logrado mejorar, también podríamos llegar a obtener lo que deseamos luego de dar nuestro máximo y no rendirnos ante la adversidad.

Por otro lado, Juan es también un recordatorio de que no debemos dar las cosas por sentado, que tomemos lo que tenemos como algo que siempre estará ahí, pues lo que un momento nos pertenecía, puede perderse en un abrir y cerrar de ojos. El poder abrir los ojos cada mañana y ver aquel molesto sol, el poder mover las piernas y avanzar hacia donde deseamos movernos, el poder sonreír con facilidad, y muchas otras cosas más. Todo ello, lo realizamos con tanta facilidad que muchas veces olvidamos lo valiosas y bellas que son. Esto incluye también a las personas que tenemos a nuestro lado: padres, hermanos, amigos, pareja. A veces actuamos como si aquello que está a nuestro lado va a estar eternamente ahí, que jamás nos va a dejar. Pero, nada es fijo en esta vida, y muchas veces, tenemos que perder algo para realmente valorarlo.

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Bueno, ¡la primera entrada post premiación llegó! Y aquí va el agradecimiento para aquellas personitas que votaron por mí y me permitieron obtener el Primer Lugar en Mejor Blog (por elección del público) y al jurado por mi Segundo Lugar en Mejor Blog (por elección del jurado). Permitieron a este muchacho sentirse feliz de no haber cerrado el blog meses atrás (y claro que mi señorito enamorado ayudó amenazando con morderme si lo hacía). En serio, ¡gracias! Y queda escrito aquí: Gracias “R” por apoyarme siempre y ser mi primordial inspiración.

Y ahora las notas!!!

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Nota1: Algunos datos y hecho cambiaron un poco (en especial el nombre) para proteger la identidad del paciente.
Nota2: ¡Amo mi carrera!
Nota3: Tengo un nombre y no es CACHORRITO xD

8 comentarios:

  1. Felicidades y siempre en la vida como Juan!

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    1. Siempre en la vida como Juan! Correcto!
      Gracias :)

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  2. Es cuestión de esforzarse, mucho empeño y buena voluntad. Se dice fácil pero a veces no actua asi.

    Felicidades por los premios =)

    abrazos

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    1. Lamentablemente, es mas fácil quedarse en el dicho, tienes razón! Pero, ello ya viene del deseo propio de superar lo que uno encuentre, considero.
      Gracias! :D

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  3. Felicidades por tener tan lindas lecciones de vida en tu labor diaria y por los premios que bien podrían ser también por acompañar a otros en su esfuerzo. Un abrazo!

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    1. Hay que aprender a encontrar lo bello en la vida y aprender de cada evento de nuestras vidas, bueno o malo (uhmmm, creo que veo otro post en camino... xD)
      Gracias!! Un abrazo!

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  4. Como dice Dammy! es cuestión del esfuerzo! y bueno... saludotes!

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    1. Como dice Dammy: esfuerzo, empeño y voluntad, y a seguir hacia nuestras metas!
      Saludos :)

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