Recuerdo una de los pocas veces que logre convencer a mi padre de salir a comer juntos (sin la persistente interrupción de mis hermanas o mi madre). Como siempre, pidió un jugoso trozo de carne y papas para comer... yo solo como un poco de su plato. ¿Qué puedo decir? No como
mucho. En fin.
Recuerdo que pidió su carne a término
medio. "¿Cómo puede comer algo mitad crudo y mitad cocido?", pensé.
Unos meses después, me pude a
meditar. Así como la carne puede ser a término medio, tres cuartos o bien
cocida, ¿Será posible que las personas vivan siguiendo las mismas reglas? Con ello me refiero: Hay personas
que se consideran 100% a favor de una forma de vida, algunos que viven la mayoría
de su vida de una forma y un poco de otra, y hay quienes viven cada día
poniéndose en la mitad de las opciones que se les presentan.
Y viene mi breve comparación de personas y carnes (suena extraño, lo sé, pero sirve para explicar mi punto):
Este tipo de personas piensan que
la vida está hecha para completar todo lo que uno se proponga. Su forma de vida
es la búsqueda de la perfección, no se detienen hasta completar los objetivos
que tienen. Sin embargo, muchas veces, el querer llegar a la perfección termina teniendo efectos negativos y, como la carne que se trata de cocer
en este término, pueden quemarse si pierden el control.
- Los "tres
cuartos" -
Este es el tipo de persona que cree
que obsesionarse con llegar al final de todo es demasiado, ya que se trazan metas para motivarse a
seguir adelante, pero no para cumplirlas. Ellos suelen tener objetivos grandes,
pero, aunque muchas veces desean cumplirlos, no llegan a alcanzarlos por temor
a no conseguirlos. Es por ello, que, como el término de la carne, nunca llegan
a estar completamente cocidos para evitar quemarse y tener que lidiar con
sabores desagradables.
- Los "término
medio" -

Hay platos que saben mejor con una
carne bien cocida. Otras veces, un tres cuartos o término medio son la opción más
acertada.
Con el tiempo, y la experimentación,
he llegado a una básica conclusión: Así como el término de la carne, la vida no
puede definirse ni encasillarse en una sola y única manera de llevarla. Es todo
cuestión de saber elegir y guiarse por lo que se espera obtener.
La belleza de esta vida está en no
encasillarse. Permítete experimentar y conocer las diversas opciones que se
presentan en el camino.
Provecho!