jueves, 8 de enero de 2015

Angel I: E.D.U.


¿Cómo es que terminé así...?

Me encontraba sentado en la banca favorita de mi parque favorito, aquel que se encuentra a la espalda de donde vivo. Un aun encendido cigarrillo era mi único acompañante en aquella fría noche de invierno. ¿Qué puedo decir? Me gusta disfrutar de un momento de paz a solas en el parque, bajo los árboles que han presenciado todas mi penas, en cuyo troncos me reclinaba a pensar sobre la vida y el por qué, en lo que se refiere a temas del corazón, no suele irme tan bien. No estoy hecho para una relación, suelo pensar.
Encontrándome completamente perdido en mis pensamientos un tanto depresivos, una tímida gota de lluvia cayó sobre una de las lunas de mis lentes resbalando hasta estallar en mi mano.

El frio clima invernal, un cigarrillo y una ligera lluvia cayendo sobre mí. Este es el clima ideal, mi momento feliz, el pequeño pedazo de cielo que me ayuda a calmar las penas de tantos dolores y cicatrices del corazón. La gruesa casaca sobre mí, los pantalones jeans oscuros que suelo utilizar estos días fríos, son toda la protección que necesito, se me permite así disfrutar de este momento.

Pero, no estoy completamente libre para disfrutarlo, al menos no por unos días. Esta nueva libertad, obtenida a través la enorme crueldad de haber roto un corazón inocente, pesa sobre mí en gran medida. Nunca quise herirle. No pensé que lo tomaría de esa manera, pero debía ser honesto desde el inicio. Quizá no era el momento, aun no estábamos listos, fueron las palabras con las que rompí su tierno corazón. Pero es así, en asunto del amor, no hay forma de terminar una relación sin que un corazón termine herido. De todas maneras, el peso de aquella mirada llena de esperanza, aquellas lágrimas que fluyeron luego de la ruptura, aun los cargo sobre mí. Es mi pena por haberle causado ese dolor.
El constante ruido de los autos, las pisadas apresuradas de las personas que huyen de tan relajante lluvia se escucha a la distancia. Ya es hora de salir de mis pensamientos y retornar a la realidad. El frio esta finalmente atravesando la protección de mi ropa, ya es momento de retirarme. Mis pisadas son lentas, no quiero volver rápido a casa. La soledad de mi habitación no tendrá un efecto agradable en mí. Por hoy, no quiero estar solo.
Y así, me detuve en una pequeña tienda en mi camino. Era una pastelería nueva, tan nueva que el nombre aun no había sido descubierto de aquel plástico negro que lo cubría. Por fuera, era una simple tienda sin grandes detalles excepto un elaborado arco que rodeaba la entrada. De un color entre blanco y casi rosa, invitaba a la personas a ingresar. Por lo que acepte la invitación y me adentre en el local. Una cálida brisa me dio la bienvenida. La calefacción del lugar disipaba todo rastro del frio ambiente que dominaba en el exterior. El interior de la tienda acentuaba más la idea de calidez. Paredes un rosa muy suave rodeaban a toda la clientela. Las mesas eran blancas, con sillas que hacían juego y pequeñas almohadillas con patrones de esferas blancas y corazones sobre las cuales sentarse. Los aparadores mostraban postres de distintas formas y colores, con posibles sabores capaces de hacer olvidar toda pena.
Aun con un poco de húmedo frio en el cuerpo, me dirigí a la mesa más alejada del lugar. Aquella pequeña mesa con solo dos sillas, ideal para una pequeña comida romántica compartiendo un pequeño pastelillo, o quizá conversar mientras se toma un chocolate caliente y se realizan tiernos intentos de coqueteo. Bueno, yo estaba solo y aquella mesa me recordaba el mal momento que pasaba. Creo que soy masoquista.
Ya en mi lugar, y habiendo ordenado una taza de chocolate caliente, desvié la mirada hacia la ventana de la pastelería. Aun hay personas en la calle, la mayoría con pasos apresurados para escapar de la pesada lluvia que ya caía. Otros, llevaban paraguas para protegerse. Era claro que los últimos tuvieron oportunidad de prepararse.

Las gotas de lluvia cayendo sobre el pavimento, las aceleradas pisadas de la gente, la enorme variedad de colores de la ropa para el frio y paraguas que transitaban en el exterior fue hipnotizándome más y más, haciéndome perder la noción de todo a mi alrededor, hasta que un ligero toque en el hombro me obligo a girar la cabeza a una velocidad tan intensa que sentí mis ojos casi salir de su lugar. Estuve a punto de exclamar el por qué la necesidad de asustarme de esa manera, cuando fui interrumpido por una sencilla pregunta.
– Disculpa, ¿Podría utilizar esta silla? Mi mesa no tiene ninguna y necesito sentarme.
No podría decir que fue lo que más impactó en ese momento. Quizá la forma cordial de dirigirse a un desconocido, quizá la profunda mirada de sus pequeños ojos, la tonalidad oscura de estos o aquel cabello entre negro y marrón casi despeinado. Quizá fue aquel coqueto lunar que adornaba el borde de sus labios, o lo delgados y suaves que se veían bajo las tenues luces del lugar. Y seguí admirando cada detalle de aquel tierno rostro hasta que, luego de unos segundos, me di cuenta que no había respondido.
– Sí, claro. N-no hay problema
Y eso fue todo lo que conseguí pronunciar sin morder mi lengua por los nervios.

Luego de tan bochornosa escena, trate de despejar mi mente, y detener el temblor que se mostraba en mis manos, al perderme en la caída de la lluvia y los apresurados transeúntes. Pero, había algo extraño ahora, mi mente ya no podía concentrarse en lo que ocurría al otro lado del marco de la ventana. Una extraña, y quizá sobrenatural fuerza, me insistía en girar la cabeza hacia el otro extremo del local, hacia aquella parte donde habría también una solitaria mesa con una solitaria silla. Tras varios minutos intentando evitar aquel extraño impulso, finalmente me rendí a mirar en aquella dirección y fue ahí cuando le vi.
Tenía la mirada fija en un pequeño pero grueso libro, cuyas hojas se veían a pocos instantes de desprenderse. ¿Tan descuidado puede ser con sus cosas? Nuevamente, no pude evitar perderme en aquel oscuro cabello, en lo corto y bien peinado que lo tenía, ni pensar en aquellos ojos negros con tal profundidad que casi me pierdo en ellos minutos atrás. Sentía envidia de aquel libro. Debería ser yo quien este frente a esos bellos ojos, comencé a decirme. Pero, esos pensamientos ya se tornaban demasiado extraños para mi gusto. No era correcto, no sabía ni quién era.
Gire la cabeza nuevamente para poder admirar el paisaje del exterior y poder perderme en el, un lugar donde si se me permitía fantasear. No era posible que mi mente deambulara tanto hacia una persona que había visto por primera vez pocos minutos atrás, no era correcto. Y fue, finalmente, un zumbido en el bolsillo derecho de mi pantalón que me ayudo a distraerme. Ya se había hecho tarde, era hora de volver a casa. 
Luego de llegado mi pedido, levante la cabeza en dirección a la ventana para cerciorarme que la lluvia se había detenido. Al otro lado del vidrio de la ventana, unos tiernos ojos muy oscuross me observaron mientras se acomodaba la cálida chalina para protegerse del frio. Y fue tras una rápida y tímida sonrisa, que continuó su camino y se perdió entre la multitud de la calle.

¿Cómo es que terminé así por alguien que aun no conozco?

martes, 18 de noviembre de 2014

Los lamentos del cachorrito

Estaba yo en esos tiempos… de incomprensiones y desengaños… Ah, no.  Así no iba… Ja

Era el año 2008 o 2009 (ha pasado un tiempo, no está muy clara la fecha), estábamos en la búsqueda una mascota ideal para nuestra familia. Era un problema tratar de criar a un perro grande cuando la mayoría de personas en la casa están de un lado a otro y casi no tienen tiempo para sacar a pasear continuamente a un perro de gran tamaño.
Y fue en esa búsqueda que el que escribe aquí encontró un precioso perrito poodle color chocolate en un aparador de un intento de tienda. Me entristecía ver como el perrito se encontraba solo, sin alguna otra compañía que un ya destrozado peluche. Luego de una buena conversación con la “vendedora”, logre llevarme al pequeño ser inocente a mi casa. Fue bien recibido, todos lo quisieron. Era gratificante ver como el pequeñín (humano) de la casa jugaba con el pequeñín nuevo (perrito). El nombre que se le decidió poner fue Charlie (Ajam! Charlie el poodle de chocolate… Charlie y la fábrica… eso…)
Pero, como todo aquel que ha tenido un perrito cachorrito en casa debe saber, este escogía las noches para hacer escándalo y medio, y uno que otro destrozo.

Pasaron los días…y llego una noche que jamás podre olvidar…
Fue un viernes, aproximadamente las 11 de la noche. Me encontraba en mi tibia camita, abrigado a más no poder (era invierno, ¡pues!). En medio de mi muy ligero sueño, un agudo ruido me hace saltar de mi cama. Un pequeño llanto se oía desde la cocina. ¡Genial, ya se despertó!, me dije. Y es que el cachorrito Charlie no tenía ganas de dormir solo esa noche, al parecer. Y se la pasaba de llanto en llanto, lamentos por la ausencia de una compañía.
Primero, probé con una mantita pensando que era el frio. La paz no duro ni diez minutos.
Luego, le toco a un peluche para hacerle compañía. Tampoco funciono.
Finalmente, ya cansado y con sueño, traje unas cajas del depósito y le arme una casita en una esquinita de mi cuarto, a menos de medio metro de mi cama. Y con eso se durmió… y despertó a la media hora.
Y fue el momento del último intento. Una pequeña mantita con la que hice burrito de Charlie (quedo bien envuelto y con solo la cabecita saliendo de la mantita). Y fue envuelto con mi brazo que el cachorrito Charlie cayo rendido.
A la mañana, unos intentos de ladrido y un suave apretón de dientes en mi nariz me despertaron. Como no me movía, me cayó un ataque de lengüetazos hasta que salí de la cama…

Pasaron dos días de aquel momento… hasta un día muy doloroso en mi vida…
Fue un martes. El día anterior, hubo una reunión familiar, por lo que cachorrito Charlie tuvo que dormir en el depósito (el único lugar donde Charlie no se desesperaría por el ruido). Confiado que cachorrito Charlie estaría bien, me fui a dormir.
A la mañana siguiente, desperté con un muy mal presentimiento. Sin ponerme los lentes, me asomé a mi ventana y lo que vi, hasta el día de hoy me perturba (y explica mi hábito de ponerme los lentes apenas despierto y mirar por esa ventana). En una pequeña piscina de poca profundidad, una bolsa marrón flotaba muy despacio hacia uno de los bordes. Tras ponerme los lentes, corrí hacia aquella piscina. No era marrón, era chocolate; y no era una bolsa lo que flotaba…
En el borde ya de la piscina, solo una parte del hociquito de aquel pobre cachorrito sobresalía. Desesperado, lo saque de la piscina y tomé entre mis brazos. Intente envolverlo con mi polo y abrigarlo. Su respiración era muy lenta. Sus ojos se esforzaban por abrirse, pero no le quedaban fuerzas. En un momento de total desesperación intente auxiliar al pequeño Charlie, pero quizá ya era muy tarde. Por más que le rogara entre gritos que reaccione, ya no quedaba mucho por hacer.
Luego de un último intento de hacer reaccionar a Charlie, un último sonido broto de aquel pequeño cuerpecito. Y con aquel ultimo lamento, el cachorrito Charlie se despidió para no volver…
Esa fría mañana paso muy lentamente para mí. En mis brazos, el cachorrito Charlie se mantuvo contenido hasta que fue momento de aceptar la realidad… Charlie ya no volvería.

Con el tiempo, llego otro poodle a esta casa… Un regalo a mi sobrino para que aprenda a ser responsable, aunque termino bajo mi cuidado. Y lleva ya algunos años acompañándome. Luego, llego Lola, la pug más desesperante, pero tierna que pueda existir. Y ellos siempre estarán ahí conmigo. En las buenas, sacándome de quicio. En las malas, echándose a mi lado y haciendo compañía hasta que mejore. Siempre acompañándonos en cada momento.

Pero… Charlie aun estará conmigo en esta casa, debajo de aquel jardín donde paso un corto tiempo jugando. Cuidándonos quizá con esos pequeños ojos y ese cuerpecito que a nadie asustaría.
Cachorrito Charlie aun está conmigo, acompañándome en cada experiencia, en cada aventura… siempre recordándome lo que soy capaz de dar… y siempre presentes, los lamentos del cachorrito…

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Y esa es la verdadera y jamás antes contada historia del origen del nombre de este humilde blog. Gracias por leer.

Y en memoria de todos esos compañeros que tuvimos que despedir, y en honor a los que tuvimos que soportar esas partidas...

sábado, 1 de noviembre de 2014

Entre lápices y tajadores


En una de esas poco productivas tardes en las que queda tan poco que hacer que buscas cualquier excusa para solo distraerte y perder la noción del tiempo, me encontraba revisando aquella olvidada cuenta en una esas páginas destinadas a conocer gente y pactar uno que otro encuentro casual (Ojo! No que yo haga ese tipo de cosas… je).
A los pocos minutos de iniciada la sesión, un curioso mensaje llega a mi bandeja. Y decía algo así:

Persona x: Hola guapo
Yo: Hola… que tal?
Persona x: Eres pachi?
Yo: ah? Pachi?
Persona x: Pachi! Pasivo pues!!
Yo: Uhmmm no…
Persona x: Aburrido!!

Y ahí quedó la “entretenida” conversación.

Pasaron las horas, me entretuve repasando algunos temas pendientes que tenia aun. En un momento de gran concentración, fue el clásico sonidito de notificación del Facebook que casi logro hacerme saltar hasta el techo. Se trataba de una solicitud de amistad. “Ok! Aparenta ser tranquilo…  aceptare”, fue lo que me dije. Y a los pocos minutos, se formulo una conversación como la que sigue:

Yo: Hola
Persona Y: abla q tal opc edad
Yo: Alaaaaaaa xD
Persona Y: opc edad

Y con un simple clic, mi número de amigos de Facebook se redujo en uno.


Entre amigos, en medio de la clásica joda, nunca faltan los comentarios de que tal es “pasiva”, otro es “estafadora”, un tercero es acomplejado (porque dice ser “activo” y los amigos lo colocan como “pasiva reprimida” que no se acepta).
Estamos sumergidos en una realidad donde las personas son definidas y catalogadas en categorías estrictas donde debes encajar y comportarte como la opción que la gente te cataloga (Ojo! No lo que eres, sino lo que dicen de ti) o se te tilda de reprimido o acomplejado.

Y aquí vienen algunos puntos a discutir:
Primero, es entendible que vivimos en una realidad donde el sexo y las relaciones han tomado un amplio valor. Si bien no a todos nos urge “saciar” aquella supuesta necesidad con tanta intensidad como a otros, hay personas lo ven como un placer más que disfrutar. Ok, se respeta. Pero, como se dijo, no todos lo buscamos tan fervientemente, y se pide se respete. No se trata de acomplejarse, es solo ser diferente (valga decir, todos lo somos).
Segundo, la gran mayoría de las personas de este ambiente conoce como funciona el tema de las opciones. Para quien no… dejo esta idea: un ser activo es como el lápiz, uno pasivo es como un tajador. El lápiz se introduce en el tajador. Listo! Claro, también hay modernos, versátiles y otros, pero la idea es la misma… un lápiz y un tajador.
Tercero, lo que a una persone le guste/prefiera hacer en la cama (piso, pared, donde sea… saben a lo que me refiero) o fuera de ella, no la define. Se busca colocar a las personas dentro de categorías (activo, pasivo, etc.) y esperar que mantengan el estereotipo ya forma de una opción. El punto aquí es, como se puede esperar que una persona encaje en categorías tan cerradas solo por sus preferencias? El ser humano es complejo, con actividades que le gustan y otras que rechaza, y quizá algunas que solo no le llama la atención realizar. Definir a una persona por lo que le guste hacer es limitar las elecciones que tiene en frente y mantenerle encasillado en un lugar donde quizá no es el que pertenece. En mi humilde opinión, se trata más de que prefiera hacer, que de cuál sea mi opción. Solo digo.


Queda abierta la discusión…

lunes, 6 de octubre de 2014

Let it go

O “Libre soy, parte 2” (Solo que esta es la versión en inglés :3)

“Let it go! The perfect girl is gone…”
Let it go (Frozen)


Era una fría madrugada de sábado. Después de meses de intentos, había logrado convencerle de salir una noche, como en aquellos viejos tiempos en los que tomábamos cantidades industriales de licor. Era gracioso, nos manteníamos “sobrios” por más que tomáramos.

El clásico intercambio de palabras, una que otra anécdota. Tras un ir y venir de historias, llegamos a la fundamental de la noche. Aquel momento doloroso de las últimas semanas que me llevó casi al límite. Consejos y comentarios vinieron. Tema concluido, dijimos.
Pero no fue así.

Es interesante cuanto puede resistir una persona conteniendo sus sentimientos hasta llegar a su punto de quiebre, donde todo sale como una avalancha y arrasa con todo en su camino. Pues eso pasó. Meses de dolor contenidos en lo más profundo salieron expulsados en pocos minutos. Tristeza, decepción, soledad. Palabras que no me atrevía a pronunciar fueron liberadas en ese momento hasta dejar solo un cascaron vacío de emociones tan negativas que corroían a cada segundo que seguían guardadas.

Habiendo ya pasado un tiempo de aquel incidente, llega un momento de realización. Aquel enorme peso que sentía hundiendo a cada paso que daba ya no existe. Los días han vuelto a ser hermosos, el sol brilla nuevamente, la lluvia es refrescante. No hay más nubes grises que cubran constantemente mi cielo.

Quizá es eso lo que siempre ha hecho falta. Quizá es que tanto contenerse no deja más que sentimientos de decepción hacia uno mismo. No permitirte sentir, pensar, decir. Dejar que aquella represión no haga más que formar una armadura que pueda protegerte y repeler a los demás por temor a ser herido, solo te deja con una fría sensación de soledad.
No se puede vivir en un constante aislamiento pensando que tarde o temprano serás herido por haber pensado, dicho o actuado de cierta manera, o por ser como eres.

En algún momento, hay que mostrarse tal como eres y permitirte acercarte a otros. Y es ahí donde descubres lo que importa en realidad, y quienes son los que valen como amigos a tu lado.

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Nota 1: Esta vez sí me demoré en escribir xD
Nota 2: Y volví al tema de Frozen, ¡Como me gusta esa película!
Nota 3:  Frozen llegó a Once Upon a Time (xD)
Nota 4: Me queda decir… Gracias por todo ese apoyo… Y aguantarme tanta cosa esa vez...  >.<


Y un vídeo de una versión masculina de Let it Go!

martes, 12 de agosto de 2014

Solo por hoy


“La vida es una mier…” (si, esa bella palabrita)

Así me la pasaba pensando pocos días después de dar mis tan queridos exámenes finales.  Y como no pensar así si terminas enfermándote en plenos exámenes y eres obligado a recuperarlos aun en un pésimo estado de salud. Y se pone peor cuando ves que tus notas no resultaron tan buenas en esas evaluaciones…  ¡En fin!

Bien… Empezaron las vacaciones y aun no había mucho que hacer. Jugar algo por ahí, ver películas, salir a aniquilar mi hígado con mezclas exóticas de tantos tragos que ya ni recuerdo donde estoy al final de la noche (Exagerando, claro… ¡je!) y cosas así.

Aprovechando mis días libres, me propuse arreglar aquella zona devastada por innumerables desastres naturales (según mi madre) que yo ya cuarto. ¡Ja!
¡Papeles, papeles y más papeles! Libros que no he utilizado en años, lentes de sol, plumones, fotos… de todo lo que uno puede imaginarse enterrado bajo lo que llenó siete bolsas de basura (si, fueron siete al final). Pocas cosas sobrevivieron. Entre ellas, reapareció una serie de libros que tiempo atrás fueron mi saga favorita: The Immortals. Eran seis libros, de los que solo pude conseguir cuatro en físico. ¿La historia? Chica que conoce a chico, se enamoran y son felices para siempre. Típica historia juvenil con seres inmortales, lecturas de mentes, manifestación de objetos, fantasmas, viajes al pasado, magia, aura y un elixir de la vida eterna. Bastante clásico, diría yo. Pero, hablaré de ello en otra oportunidad.
Lo que llamó mi atención al final de la limpieza (y el motivo de la entrada) fueron unas pocas páginas impresas con las diapositivas de mi exposición de un curso, Terapias alternativas. El tema, REIKI.

Bien, algo corto del tema:
REIKI: Técnica de curación mediante imposición de manos. Se busca la canalización, liberación y circulación de la energía propia de la persona y del universo. Y no todos pueden hacerlo (Naces con el don o no).
Entre las enseñanzas del fundador de esta técnica, el monje zen Mikao Usui, se difundió un escrito con cinco principios, del maestro zen hacia sus alumnos:



                           Solo por hoy…
                               … no te irrites
                               … no te preocupes
                               … se agradecido
                               … trabaja con diligencia
                               … se amable con los demás.



El pasado es algo que ya ocurrió, no es posible modificarlo. El futuro aun no ocurre, el fruto y consecuencias de lo que hagamos. El presente es lo único que existe, y donde es posible actuar.

Por eso, solo por hoy:
No te irrites,  aun si la vida escapa de nuestro control. No hay necesidad de controlar todo lo que ocurre. El miedo a lo desconocido puede llegar a ser paralizante, pero es necesario relajarse y confiar en que las cosas pueden salir bien.
No te preocupes, todos nos hemos equivocado en algún momento de nuestras vidas. Es difícil tomar las cosas con calma cuando temes que las consecuencias de tus acciones pueden aplastarte en cualquier momento. Pero, ya sea por algo que hicimos o por algo que está por ocurrir, no es posible cambiar estos eventos. Solo mediante el continuo aprendizaje de lo que la vida nos presenta, es como salimos adelante.
Se agradecido, no importa si lo que la vida y los demás nos dieron fue poco o mucho. La vida recompensa a aquellos que agradecen y valoran lo que se les da. A veces pueden llegar objetos de gran valor o momentos felices, quizá la vida decide que lo mejor son experiencias que nos permitan crecer. Todo ello, en conjunto, nos permite dar pasos más firmes hacia un futuro si es que valoramos cada momento, experiencia o recompensa de la vida.
Trabaja con diligencia, pues todos cumplimos un rol en esta vida. Es importante darlo todo en cada labor que realicemos pensando en el beneficio que otorgaras, y no tanto en el que recibes. Con ello, no solo se abarca a lo laboral, sino también a trabajar sobre uno mismo. El ser humano crece como persona si se permite pensar en sus acciones y emociones, mejorar aquello que aun puede ser mejorado y preservar lo que debe ser preservado.
Se amable con los demás, aun si no lo son siempre contigo. Una palabra o hecho puede influir en gran medida en la vida de los demás, alegrando o empeorando su día. Es sencillo, si mejoras el día de una persona, esa persona podrá hacerlo a otro y así, hasta el punto que ese buen ánimo pueda incluso volver hacia a ti cuando lo necesites. Lamentablemente, lo mismo ocurre si tus actos son para perjudicar o dañar a otros. Da qué pensar, ¿no?

Es por ello, que el día de hoy es el día más importante de nuestras vidas, ¡siempre!
Solo por hoy…


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Nota 1: Se supone que debes colocarte en la posición de piernas cruzadas Gassho (palmas tocándose) y meditar en estos principios.
Nota 2: No, no se aplicar el Reiki. Pero si masajes relajantes, energéticos, con piedras y bambú (baratito nomas! xD)
Nota 3: Se acaban mis vacaciones. ¡Por fin!

martes, 15 de julio de 2014

Wake me up

“So wake me up when it’s all over,
When I’m wiser and I’m older”
Wake me up – Avicii



Andando bajo la lluvia con los lentes completamente cubiertos de pequeñas gotas que no dejan ver mi camino. El frio de aquella noche de invierno finalmente ha caído sobre mí y, con él, cae también el peso de la realidad. ¿Qué estoy haciendo?
Ha pasado mucho tiempo desde que me he detenido a pensar sobre la totalidad de mis acciones, mis errores y mis aciertos. Quizá es solo el melancólico ambiente que me rodea lo que provoca aquellos pensamientos, pero está bien. Ya es hora de detenerme y evaluar mi vida, como en aquel día, mi fatídico tres de mayo.

Las semanas han pasado, al igual que algunos eventos muy duros en mi vida. Con los días llegó el descubrimiento de situaciones inesperadas en mi familia y otros problemas, algunos más relacionados a lo sentimental que otros.
Sobre lo de mi familia, notar que aun eres tratado como el niño de la casa a pesar de pasar ya los veinticinco años. Saber que aun hay cosas que se consideran no aptas para alguien tan  “pequeño” como yo.
Ya ha empezado la semana final de la universidad. Sí, los exámenes finales. Y esta vez, todos son prácticos. El primero ha sido un desastre. Por primera vez en toda la carrera, tuve que atender a una niña de un año y no logré que realice las actividades que había planeado con ella. Bueno, así es la vida, ¿no? No siempre se gana.

Hace pocas horas, he regresado al que prácticamente se ha vuelto mi segundo cuarto: la sala de emergencias. Bueno, regresado por segunda vez. La primera fue ayer. Una crisis inusual, incluso en mis estándares, de migraña que se complicó con otra de ansiedad, según el médico. Luego de tres horas en aquel frio lugar, fui dado de alta con los analgésico más simples que visto en mi vida y calmantes. ¡Benditos calmantes! No debí tomarlos.
He despertado sin la capacidad de levantarme de mi cama, el adormecimiento de mi cuerpo es demasiado como para poder moverme con libertad. ¡Malditos calmantes!
Pocas horas que pasan y finalmente logro levantarme para darme cuenta que mi cuerpo no puede retener el pobre desayuno que tomé. Mareos, debilidad y el retorno de la migraña. Estaré de regreso en emergencias. No recuerdo más.
Despierto cuatro horas después, agotado, pero ya puedo moverme. Me han dado de alta y voy de vuelta a casa. Solo queda una mala noticia: he perdido un final mientras estaba en emergencias. Bueno, así es la vida, ¿no? A veces se pierde.

Todo este tiempo recuperándome solo he oído las mismas frases una y otra vez. “Pero, si eres tan joven”, “Deberías aprender a dejar algunas cosa”, “No puedes cargar con todo tú solo”, “Acostúmbrate a la presión o terminarás aplastado”.
Quizá tienen razón, quizá aun necesito crecer un poco más, quizá me falta más tiempo.  Bueno, ya todo acabó. Ahora solo cerraré los ojos y esperaré ser otro al despertar… 

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Escrito el día viernes 11 de julio.
Esta es mi versión favorita de la canción.


martes, 3 de junio de 2014

Ridículo

"(en) Ridículo: Expuesto a la burla o al menosprecio de las gentes,
sea o no con razón justificada."
(RAE 2014)



Son cerca de las 4pm de una templada tarde de mayo.
El gimnasio de la clínica se encuentra abrumadoramente desordenado. Al parecer, la gente que lo utilizó no sabe que debe regresar las cosas a su lugar (ya se enteraran la próxima que pase, ¡me aseguraré de ello!).
Con el cansancio y la flojera que produce el tener que viajar de Miraflores hasta Ate en menos de una hora, me dispongo a poner todo a un lado donde no estorbe (¡je!), seleccionar algunas cosas que utilizaré en esta sesión y sentarme en una colchoneta a esperar que sea la hora. Ya casi llegan mis pacientitos.

Ha pasado poco más de dos meses desde que empecé a tratar a dos niños en la clínica. Bueno, hacer lo mejor que puedo, ya que es solo parte de un curso práctico, pero supongo cuentan como pacientes míos. Aun recuerdo la primera vez que nos dividieron en grupos y nos asignaron a los niños. Estaba demasiado nervioso, no sabía bien como tratar con niños. Las manos me sudaban ligeramente, me temblaban las piernas, la voz me salía tan baja que ni yo la escuchaba por momentos.
Las primeras sesiones, recibíamos ayuda sobre qué actividades realizar o cómo hablarles para que trabajen. Era sorprendente, en el momento, la facilidad que tenia la encargada de hablarles, jugar con ellos, convencerlos de trabajar. Algo que pensaba yo sería incapaz de hacer.
Fueron pasando las sesiones, y las cosas no mejoraban conmigo. Se me complicaba el hacerles realizar las actividades, incluso pasé una de las peores sesiones de mi vida con un niño que me asignaron por un día (algo que quizá cuente en otra oportunidad).
Luego, llegó el parcial… y debía realizar una sesión con un niño con el que no hubiera trabajado durante el ciclo. Sí, casi me da un paro cardiaco. Si no podía con un niño que trabaje por semanas, ¿Cómo podría con otro que recién conocería esa semana? Me preparé mental, física y emocionalmente (si, así de complicado se me hacia). Bueno, el niño al final nunca llegó, y tuve que trabajar con el que siempre lo hacía. Tuve suerte, supongo.
Durante la primera sesión que le siguió al parcial, volvió la época de estrés. Un grupo nuevo de chicas entró conmigo a trabajar con niños. Y ahora, yo era el que tenía ligeramente más experiencia y debía explicar si no se entendía algo. Luego, por alguna razón, mis compañeras fueron llamas de a pocos por la profesora para explicarles y yo fui quedado solo con mis pacientes. Y fue ahí donde las cosas se pusieron interesantes. El estar por primera vez solo con un paciente, estar encargado de que el niño trabaje y, a la larga, mejore tuvo un efecto inesperado. Aquel temor que merodeaba por cada rincón oculto de mi mente fue quedando a un lado. ¿A qué le tenía miedo? Quizá a meterme en el mundo de los niños, quizá temía hacer el ridículo si hablaba con mi pacientita sobre las princesas de Disney, o hacia voces para que ella imaginara que las princesas y príncipes estaban ahí. ¿Quizá tenía miedo a hacer el ridículo? Es posible.

Han pasado algunas sesiones más con mis pacientitos, y las cosas han mejorado. Finalmente, estoy logrando que esos pequeñitos hagan bien su terapia, o al menos se acerquen a lo esperado (¡je!).


Quizá es por ello que muchas veces he dejado de lado proyectos, ideas que deseaba realizar o expresar, pero temía recibir burlas de quien me rodeara. Quizá siempre ha sido aquel miedo a hacer el ridículo lo que ponía las trabas al futuro que deseo llegar. ¿Pero es realmente necesario sentir ese rechazo hacia el ridículo?
El trabajar con esos niños realmente me ha dejado reflexionando sobre cómo es que aquellos pequeñitos simplemente son ellos mismos en todo momento. No hay temores a que se rían de ellos, no se preocupan de que pensaran los demás o si los harán a un lado por cómo actúan. ¿Por qué es que a medida que vamos creciendo vamos dándole más importancia a lo que pensarán los demás? ¿Por qué el nunca hacer el ridículo es tan importante ahora?
Pienso que el ridículo es parte del crecimiento y desarrollo de una persona. Te diferencias de los demás por cómo eres, por como piensas, por tus errores, por lo que muestras de ti. Si todo ello es cubierto y se oculta de los demás, ¿no estaríamos solo deteniéndonos y disolviéndonos en una masa común donde nadie dará el primer paso a un cambio solo por temor?

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¡Y ahí vienen las notas!
Nota 1: Creo que la entrada salió algo larguita, pero me gustó como quedó. No es tan extensa, ¿verdad? ¡Je!
Nota 2: Trabajar con niños termina sacando canas de todos los colores posibles, ¡pero esta bonito!
Nota 3: Gracias a mi “psicólogo personal” por mantenerme cuerdo aun después de tanta locura en la clínica.
Nota 4: Tener que aprenderte el nombre e historia de cada una de las princesas Disney ( ya van como trece, !y van en aumento!) y aplicarlas a actividades... no tiene precio -_-