viernes, 4 de abril de 2014

Soundtrack personal: Libre soy

“El frío es parte también de mí”
Libre soy (Frozen)



No, no hablaré sobre mi instintivo amor por el clima frío que en los últimos días se ha ido asomando sigilosamente.
Esta toca contar una historia. Esta vez es algo personal (bueno, casi todo lo que escribo es personal…)

Era ya mediados del mes de diciembre del 2011. El contexto… llevaba algunos meses que finalmente me había librado, o creía eso yo, de una persona muy poco grata. La vida era aun vacía para mí y deambulaba con escasos ánimos para casi toda actividad que no sea estar metido en cama mirando el techo de mi cuarto.
Entre tantas personas que repetían en una y otra oportunidad que tenían que debía animarme, que me caería bien sonreír un poco, terminé en una cita con un “especialista” que me ayudaría a salir de ese estado. Fue una sugerencia y casi obligación a punta de escopeta, pero bueno. No profundizaré mucho en ello.
Tras algunas semanas de terapias tan poco útiles que ya estaba por desistir, el amable señor que escuchaba cada uno de mis poco interesantes problemas no tuvo una mejor idea que citarme un día cualquiera (ya que las citas eran siempre los días viernes, creo) para hablar, ya que decía no podría el día que normalmente se daban las citas.
Llegué temprano. Había un automóvil que me parecía conocido afuera, pero no le daba importancia, todos se ven igual para mí. Atravesé las rejas del lugar, toque la puerta e ingresé. Enorme fue mi sorpresa al encontrar a mis padres sentados y hablando, y en medio de ellos estaba una silla destinada para mi…
Mis padres me veían extrañados.  Parecía que ni ellos sabían qué hacían ahí. El hombre nos había citado por separado. Atemorizados, me senté entre mis padres e intenté no mirarlos directamente. Algo en mí ya sabía lo que iba a ocurrir.
El hombre se presento amablemente (algo raro ya que mis padres fueron los que me llevaron el primer día a ese lugar) y empezó con una introducción al tema por el que nos cito…
“La homosexualidad…” y hasta ahí escuchamos la introducción. Ninguno de los tres interrumpió lo que se nos decía, pero las miradas y expresiones lo mostraban todo. Mis padres me miraron de reojo y ya no pude mantener la mirada en ellos. ¡Tierra, trágame!, era todo en lo que podía pensar.
Todo gay tiene el derecho de decir cuando y como decir este tipo de cosas, incluso el no decirlo. Pero, acababa de perder mi oportunidad. Había llegado al punto en el que no había vuelta atrás.
Mis padres me miraron fijamente, y el hombre aquel no dejaba de repetir su seguramente tan planeado discurso que pensaba seria digno de reconocer. Bueno, ninguno le escuchaba ya.
Una vez terminadas sus palabras, nos preguntó si teníamos algo que decir. ¿Acaso esperaba que no sintiéramos el golpe de haber sido expuesto de esta forma tan inesperada? ¿Quizá creía que mis padres tomarían esa declaración como algo simple y con poco significado?
No planeaba disculparme, claro. Uno no puede pedir perdón por ser lo que es, tampoco avergonzarse de ello. Pero, en el momento, no había idea alguna de que decir. El nerviosismo de la exposición fue demasiado para mí.

Ese día no volví a casa hasta ya bien entrada la noche. El temor de qué pasaría en el momento que entre a mi casa me atormentaba. ¿Me botarán de casa? ¿Seré atacado como en tantos casos que he leído en internet? ¿A dónde iré?, y otras preguntas más rondaban mi pobre mente. Finalmente, con los pies ya adoloridos de tanto caminar, llegué a casa…

No se ha vuelto a hablar directamente de ese tema en mi hogar. Mi padre dejó de hacer comentarios “ligeramente” homofóbicos, como él los llamaba. Mi madre, de tiempo en tiempo insiste, según ella bromeando, en que debería tener una enamorada. Quizá aún queda mucho por hacer aquí, pero podría considerarse un primer paso para cambiar las cosas. Se debe empezar por algún lado, ¿no?

Unos meses atrás, veía están tan elogiada película animada de Disney. Una princesa que tuvo que ocultar lo que era por temor a ser perseguida y atacada por el pueblo que ella deseaba cuidar. Tras ser descubierta huye y se recluye en un castillo lejos de todos pensando que es la mejor manera de estar a salvo. Finalmente, luego de mucho drama, es “salvada” por su hermana y recibe la aceptación y cariño de su pueblo.
Si bien existen muchos temas que sacar de aquella película (depende de cómo la veas), hay una parte con la que simplemente no pude evitar sentirme identificado. La libertad de sentir que aquel secreto que sentías te carcomía por dentro ya no existe, es indescriptible. Ya no hay miedo a como reaccionaran, pues ya viviste el momento que tanto temías, ya quedo atrás. Incluso, parte de la canción que acompaña su huida explica sus sentimiento de liberación y, más importante aún, aceptación de lo que es. Aquello que ella mantenía como un secreto no la definía más, sino era solo una parte más de ella.
Quizá también es momento cambiar un poco las cosas, quizá ya es tiempo de decir “ser gay es parte también de mí”.

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Y el momento de las NOTAS!!
Nota 1: Por fin logre terminar el post!! (Se supone que saldría apenas pasen los Oscar)
Nota 2: Si, quizá si la película hubiera salido antes, habría aparecido igual con mi vestido… No, para nada…
Nota 3: Amo el friecito que va apareciendo en estos días, pero ando agripado. Que mal!
Nota 4: Me gusta más la versión latina, la original suena muy... fría! (ja!)


domingo, 2 de marzo de 2014

Se dice de mí (parte II)

“La historia llena de rumores y totalmente FALSA
de cómo arruiné mi impecable reputación”
Easy A




Como dicen que no hay primera sin segunda, aquí va la parte dos de mi historia llena de rumores y falsedades. Esta vez, sazonada con más humor que hígado (a diferencia de la parte uno) e inspirada en una de mis películas favoritas: EASY A (o Se dice de mí, en algunos países).
Y sin más introducciones, ¡aquí va!

Parte 1: Cuervo uno, cuervo dos, cuervo tres y el chico que terminó muy picoteado, ¡pero aprendió!
La frase dice así: “Cría cuervos y te sacarán los ojos”. Bien, a estos tres no los crié, ya me llegaron así. Y que mal hice al querer ser bueno con esas aves negras…
Cuervo uno…  ¿Cuerva? Sí, digámosle cuerva. Género femenino. Entre los 16 y 17 años. ¡Mujer de sonrisa inocente, pero corazón de un color negro cuervo bien oscuro! ¿Y cómo no decirlo? Intentó amarrarme con su aun-no-nacido hijo cuando bien sabíamos la inocente criatura no tenía nada mío (De agarraditas de mano no salen los niños, eso lo tenía bien claro). No caí en ello, por algún tiempo se dijo que no reconocí a mi hijo. ¿Es en serio?
Cuervo dos. O Slender Man (¡Igualiiiito!). Como dice el refrán: “Caras vemos, lo que hace cuando te vas de su casa, no sabemos”. Bueno, eso. Lo que uno se termina enterando. Y este no vino solo. Cierto perrito guardián le seguía. Me hicieron la vida imposible meses después de que acabó todo. Recuento de los daños: de tiempo en tiempo me encuentro con nuevas historias sobre mí, todas falsas, pero divertidas.
Cuervo tres. “El chico de mis pesadillas”. Bastante literal el nombre. Aun da algo de escalofríos recordar la historia. Nada agradable. Prefiero no profundizar mucho aquí. Eso sí, sin rencores. No estoy seguro si los rumores de aquí son suyos o solo creados por sus “amigos”. No diré más.

Y con la historia de los tres cuervos concluida, llega la parte más actual…


Parte 2: Inexactitudes terminológicas y el panetón que no quieren repetir.
“Prefiero que hablen mal de mí a que no hablen”
¿Quién fue el genio que dijo eso? No, no es agradable que hablen tanto y tan mal de ti.
Bien, las inexactitudes terminológicas han sido abundantes. Si bien los rumores sobre mí ya existían, en los últimos meses parece que surgió una tendencia a crear historias sobre mí, ¿o quizá son solo malinterpretaciones de la realidad? La cosa es que están ahí.
No diré de donde vienen o cual es la intención de este ser al hablar así de mí (en especial porque aun no doy con una explicación coherente con respecto al por qué de decir esas cosas). Solo decir educadamente que por favor esas historias las metas… bueno, se capta la idea.
Escuche una frase hace algunas semanas. “¿Quieren que me coma ESO? Ese panetón ya no lo repito” Hablaban de una persona. Un panetón que ya medio Lima lo probó. Fue gracioso. Me alegró el día.

Y sin ahondar mucho (no quiero dar gustos…), toca algo más tranquilo.


Parte 3: Ni un santo ni un pecador, quizá un bicho raro. Pero, sí soy bien bueno.
“Pero si yo soy bien bueno”
Quien me conoce, sabe que no rechazo la ayuda ni a mi peor enemigo. Soy extraño.
Sé lo que es necesitar un apoyo en distintos momentos, así que lo ofrezco si me lo piden.
Tengo mi carácter también, lo sé. Pasa muy poco que pierdo la paciencia. Puedo ser bastante paciente con las personas, “pero cuando exploto, ¡Exploto!”

No soy TAN mala persona, en serio. Son solo las inexactitudes que me hacen quedar mal. No soy un santo tampoco, y sí que cometí mis errores, pero nada de ello tuvo una mala intención. Claro, nadie se interesó mucho por lo detalles y por ahí volaron los rumores. Bueno.


Parte 4: Perro, gato y pericote
“Los perros suelen ladrar a quien no conocen. Los gatos ignoran a quien no le agrada o quien está debajo de ellos. Los ratones prefieren huir y seguir sus vidas, pero arrincona uno y saldrás mal”
(Interpretación libre)


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Nota 1: Creo que con esto ya concluyo el tema de los rumores. Por ahora no tengo más que decir.
Nota 2: Gracias a quienes aun están ahí y creen más en lo que ven que hago que en lo que se dice.
Nota 3: Sí, yo soy BIEN bueno y también exploto, y EXPLOTO (a lo monsefuana)
Nota 4: Casi una hora pensando como poner lo de "parte II" del título, que feo.

domingo, 2 de febrero de 2014

Once



6 a.m. y es hora de levantarse de mi tan cómoda cama y empezar a alistarme. La flojera típica de cada mañana gana la batalla y, media hora después, de un salto me dirijo a la ducha y por fin inicio mi ritual de cada mañana.
Las calles no están tan saturadas como en otras épocas del año. Las vacaciones, nadie sale de su casa, me digo. Llego temprano a la clínica, soy de los primeros en llegar. Incluso mucho antes que los internos (¡ja!). Como sobra tiempo, hago una rápida llamadita a mi querido joven enamorado que va por su segundo día en el nuevo trabajo (¡Genial! Empezamos ambos en la misma semana). Palabras de cariño van y vienen, una que otra joda por ahí y los buenos deseos de que ambos tengamos un excelente día.

8:10 a.m. y el profesor ya esta mirándome con cara de pocos amigos. Bien, el tiempo voló y muy rápido. Consigo un casillero en el depósito de la clínica y me dirijo a que me expliquen mis obligaciones durante estas semanas. Las primeras horas son bastante relajadas. Mi única labor es ir por los instrumentos y agentes que se necesiten y regresarlos una vez que ya no sean necesarios. Bastante simple. Finalmente, llegan las 11. Una hora más para poder retirarme por el día. Y es ahí cuando ocurre lo interesante.

Una voz desde la sala de espera captó mi atención. Era más aguda de lo normal, y lo que decía no podía entenderse con claridad. Se escuchaban el sonido de una silla de ruedas movilizarse por el pasillo y el sonido de la voz se volvía más fuerte, pero no más nítido. Como aun estaba ocupado con mover algunas cosas, dejé prestar atención y me concentré en mis deberes. A los pocos minutos, tuve que dejar mi sencilla tarea y me dirigí al gimnasio a apoyar en el tratamiento del paciente recién llegado. 
Lo que vi me sorprendió. Un joven se encontraba sentado en una de las colchonetas, con una pierna en posición algo fuera de la común, el brazo y mano de ese mismo lado se movía poco fuera de su control y presentaba rasgos de un problema neurológico en el rostro. Lo llamaré Juan, para facilitar un poco. A su lado, el interno intentaba guiarlo para que sentara en una pelota Bobath, pero era obvio que le faltaban manos para controlar la situación. Era momento de cumplir como apoyo. Realizamos algunos ejercicios, todos en aquella pelota y siempre sujetándolo. Se veía la enorme dificultad que implicaban aquellos ejercicios para el paciente. Y con la rapidez que llegó, se acabó el tiempo de sesión, y Juan tuvo que irse. Así acabo mi primer día.

Pasaron unas dos semanas. Pacientes iban y venían. Los horarios se fueron acomodando y ya casi no quedaba tiempo libre. Claro, hablando de los internos. Yo, me limitaba a llevar los instrumentos y eso. Nada especial. “Hacer hora” como dicen, hasta las 11, que llegaba Juan y se requería de mi ayuda. No me quejo, me gusta trabajar con él. Los últimos días, ha mostrado una buena mejoría para controlar sus movimientos. Me sorprende. Pero, más que la rapidez de cómo va evolucionando, me impresiona la actitud con la que se enfrenta a todo.
Desde que llegó, Juan se mostró dándolo todo en los ejercicios, nunca quejándose e incluso exigiéndose aun más para completar las tareas que se le proponen.

Ahora, aquel joven que progresa de forma muy satisfactoria es un gran ejemplo de cómo enfrentarse a la vida: siempre con una sonrisa, siempre viendo que es posible salir adelante y luchar para obtener aquello que tanto quiere (la mejoría y mayor control de sus miembros, en su caso). Es posible que haya situaciones en la que la frustración cubra aquel ánimo y el rostro sea opacado por la tristeza, desesperación o sentimientos de no poder dar más. Pero, así como Juan, tras luchar tanto y darlo todo en cada sesión, ha logrado mejorar, también podríamos llegar a obtener lo que deseamos luego de dar nuestro máximo y no rendirnos ante la adversidad.

Por otro lado, Juan es también un recordatorio de que no debemos dar las cosas por sentado, que tomemos lo que tenemos como algo que siempre estará ahí, pues lo que un momento nos pertenecía, puede perderse en un abrir y cerrar de ojos. El poder abrir los ojos cada mañana y ver aquel molesto sol, el poder mover las piernas y avanzar hacia donde deseamos movernos, el poder sonreír con facilidad, y muchas otras cosas más. Todo ello, lo realizamos con tanta facilidad que muchas veces olvidamos lo valiosas y bellas que son. Esto incluye también a las personas que tenemos a nuestro lado: padres, hermanos, amigos, pareja. A veces actuamos como si aquello que está a nuestro lado va a estar eternamente ahí, que jamás nos va a dejar. Pero, nada es fijo en esta vida, y muchas veces, tenemos que perder algo para realmente valorarlo.

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Bueno, ¡la primera entrada post premiación llegó! Y aquí va el agradecimiento para aquellas personitas que votaron por mí y me permitieron obtener el Primer Lugar en Mejor Blog (por elección del público) y al jurado por mi Segundo Lugar en Mejor Blog (por elección del jurado). Permitieron a este muchacho sentirse feliz de no haber cerrado el blog meses atrás (y claro que mi señorito enamorado ayudó amenazando con morderme si lo hacía). En serio, ¡gracias! Y queda escrito aquí: Gracias “R” por apoyarme siempre y ser mi primordial inspiración.

Y ahora las notas!!!

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Nota1: Algunos datos y hecho cambiaron un poco (en especial el nombre) para proteger la identidad del paciente.
Nota2: ¡Amo mi carrera!
Nota3: Tengo un nombre y no es CACHORRITO xD

lunes, 18 de noviembre de 2013

Fantasmas


- Creo que hay un fantasma en la casa
- No me vengas con eso, no existen los fantasmas - dijo mi madre
- Pues yo lo vi. Un niño de unos 10 años vestido de blanco me saludó en la noche
- Te va a caer algo encima si no paras con eso

Y así fue como terminó la primera y única conversación con mi madre sobre aquel extraño niño que aparecía una que otra madrugada en la escalera de mi casa. Ella nunca me creyó, pero yo si lo pude ver por un tiempo, hasta hace casi un año atrás.
Si, un niño se me aparecía constantemente. Nunca me habló ni hizo algún otro intento de comunicarme, solo se quedaba ahí de pie observándome, como si únicamente buscara demostrar que existe, que está ahí y nada podía hacerse para que se fuera. Eso creía yo. Una noche, finalmente, le deje de hacer caso. Pasaba frente a la escalera y me iba de largo (algo lejitos de él, claro). Con el pasar de las noches, hubo días que ya no aparecía, pasaron semanas, paso el primer mes, y no volvió (hasta ahora… ¡no vengas!).

Lamentablemente, tras desaparecer ese fantasma, llegó otro.  Esta vez, no llegó como clásica aparición que nadie se da cuenta desde cuando estuvo ahí. Este ser llegó a mí como un ser viviente. Respiraba, reía, gritaba como persona. También, odiaba. Mostraba mucho rencor. Se manifestó como un ser positivo, que jamás podría hacer daño a otro ser viviente. Este ser, hizo mucho daño.
Con el tiempo, su forma física se fue. No ha vuelto. Pero, el fantasma de su existencia aun deambula por donde yo vaya. Me persigue, busca seguir hiriendo. No quiere dejarme libre.

Y es que, ¿no todos tenemos un fantasma con nosotros? Un recuerdo, una memoria que nos persigue. Sea bueno o malo, es una parte de nuestras vida que no deja de seguirnos, o quizá no dejamos que se vaya. No es por masoquismo, no siempre queremos mantener el dolor latente.
El fantasma de un bello pasado en el que tuvimos experiencias que no deseamos olvidar jamás, o un ente que no deja de recordarnos los errores cometidos, nuestras fallas, nuestras dudas. Están ahí, quizá por mucho tiempo. Y, tal vez, realmente no deseamos que se vayan. “El humano vive de sus recuerdos”, escuche una vez. Somos seres que necesitamos de un recordatorio de aquel pasado hermoso, o de aquel pasado tormentoso que vivimos y deseamos no volver a repetir.
Pero, por más que intentemos mantener el recuerdo de una hermosa vida pasada, esta siempre quedara atrás. Nuestro tiempo es lineal, lo pasado no volverá. Por otro lado, cuanto más mantengamos aquel recuerdo negativo con nosotros, mayor será el tiempo que prolongaremos la pesadilla de la cual quisimos escapar.

Quizá tome tiempo dejarlos ir, quizá algunos se rehúsen a desaparecer, pero a veces solo basta con ignorar a nuestros fantasmas para que ellos decidan irse por su cuenta. Otras veces, como con los entes sobrenaturales reales, se necesita de un tercero que venga a alejar con todo medio posible a estos fantasmas para que podamos finalmente descansar. 


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Nota 1: Eran 3 fantasmas... Un niño, una joven en la puerta principal y otra en el patio de mi casa.
Nota 2: El "fantasma que fue antes humano" ya no está rondando.
Nota 3: Sentí algo tocarme el hombro al terminar de escribir esta entrada...

jueves, 17 de octubre de 2013

Cuando más lo necesito

“Ámame cuando menos lo merezca, 
ya que es cuando más lo necesito” 
 Proverbio chino


¿Alguna vez que haz sentido tan decepcionado de alguien que piensas ya no hay esperanza en los demás? Supongo que sí, es raro que a lo largo de una vida no te cruces con personas deshonestas, violentas, traidores, entre otros. Y muchas veces es fácil caer en frases como “todos son iguales” o “todos te fallan”, llegando a tomar el daño ocasionado por una persona y proyectarlo como algo que se debe esperar de todo ser con el que te cruces.
Poco a poco, vas hundiéndote en la desconfianza y desesperanza, dudas hasta de tu sombra pensando que incluso aquella proyección puede llegar a traicionar tu confianza. Nos cerramos a los demás y preferimos vivir en aquella supuesta soledad que creemos nos protegerá de futuros daños. Y, finalmente, caemos en la repetición de aquellas actitudes que nos afectaron en el intento (sea de forma conciente o inconciente) de dejar de ser la víctima y convertirnos en el victimario. Herir antes de ser herido.

Pero, ¿es necesario continuar con aquella aparentemente interminable cadena de victimas y victimarios? ¿No hay una mejor manera? Quizá solo basta con un ser piadoso que se detenga a vernos, que escuche el pedido de ayuda  que tanto luchamos por dejar salir, pero que es opacado por actitudes hirientes o deseos de venganza a los que nos vamos acostumbrando. Quizá no necesitamos que nos digan que está mal pensar de manera tan dañina hacia los demás, sino hacernos sentir que pueden entendernos, que saben lo que se siente vivir con ello, que no estamos solos.


Ámame cuando menos lo merezca...
cuando sienta que ya no queda más esperanza,
ya que es cuando más lo necesito…

lunes, 9 de septiembre de 2013

El lobo y la luna

En los tiempos en que el tiempo aun no se contaba, cuando la magia y la fantasía inundaban cada rincón del planeta, y el único astro que se mostraban majestuoso en el cielo era el sol, seres similares al hombre habitaban en la tierra. Estos poseían una fuerza y agilidad descomunal, y una mente muy capaz de sobrepasar la escala de inteligencia actual.

Entre estos seres, había dos que eran reconocidos por sus dotes superiores: Uno de fuerza mayor que los demás y poseedor de una inteligencia muy por encima de la de sus compañeros; y otro de increíble agilidad física y gran conocedor de las artes místicas. La pareja era invencible cuando se trataba del combate, y eran admirados por el amor puro e incondicional que existía entre ellos.

Un día, ante el temor de la gran habilidad que estos dos seres poseían, y su invulnerabilidad cuando estaban juntos, los ancianos de la tribu decidieron que debían ser separados. Para ello, se decidió mandar a cada uno a un extremo del territorio, en misiones distintas. El más fuerte fue enviado al norte, mientras que el otro se dirigió al sur. Por mucho tiempo, ambos realizaban sus respectivas tareas y no fallaban en ningún momento, pero extrañaban la calidez de la presencia de su compañero. La soledad que sentían en su interior al no tener al otro a su lado era muy fuerte. Sin embargo, no podían verse ni debían verse. 

Así, cada vez que estaban por concluir una misión, aparecía una nueva, y con ello, se prolongaba el tiempo que debía esperar la pareja para su tan deseado reencuentro. Finalmente, llegó el día en que la necesidad de estar juntos ya no podía ser soportada, por lo que, cada uno por su lado, idearon un plan para verse. 
El más diestro en las artes místicas, decidió que, si no podía estar junto a su amado, lo mínimo que quería era poderlo ver y ayudarle en su trabajo cuando el benevolente sol no estuviera para iluminar su camino, por lo que se transformó en una gigantesca esfera blanca y se elevó en el cielo. 
El más fuerte, utilizando la inteligencia y fuerza superior que poseía, fue tras una bestia de pelaje místico, que podría transformarlo en una criatura que no podria ser reconocida, y así podría burlar a quienes lo vigilaban. De esa manera, el primero se elevó en el cielo, mientras que el otro recorría el planeta, ambos en busca su querido compañero.

Pero, lamentablemente, ambos ignoraraba que, muchas veces, se debe pagar un precio por lo que se desea obtener... 
Mientras el joven transformado en una criatura mística corría por las llanuras en busca de su amado, quiso descansar en un pequeño río. Y grande fue su sorpresa al descubrir que no podía volver a ser humano. Por otro lado, el joven trasformado en la gran esfera brillante sentía como sus fuerzas se agotaban de tanto permanecer en el firmamento, pero, al querer descender, se dio cuenta que su cuerpo no reaccionaba, sino que se iba endureciendo muy lentamente. 
Frente a aquel problema, el primero corrió con todas sus fuerzas antes de terminar de convertirse en un bestia sin razón, mientras que su amado utilizaba toda su fuerza de voluntad para elevarse lo más alto posible y encontrar a su joven mitad.

Finalmente, con las pocas fuerzas que le quedaban, el más diestro en las artes, utilizó lo último de su poder para reflejar la intensa luz solar y captar la atención de su amado, deseando poder darle un ultimo mensaje de amor antes de dejar atrás su existencia razonal. Cuando su joven amado lo notó, subió a la montaña más alta que encontró en el camino y decidió gritar con todas sus fuerzas el nombre de aquel ser del que no deseaba separarse. Lamentablemente, la razón empezó a abandonarle a medida que brotaba el sonido de su hocico, por lo que únicamente un triste aullido fue lo que pudo ser oído por su amado y los otros seres a la distancia.

Por ello se dice, desde ese día, durante las noches de luna llena, puede oírse a un solitario lobo aullando con todas sus fuerzas a la luna. Puede que sea solo por instinto, o quizá es el saludo del joven hacia su amado gritando con todas sus fuerzas el profundo amor que aun siente, y dándole la bienvenida a una de las muchas citas que tuvieron, tienen y tendran hasta el final de los tiempos...



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Una pequeña historia de amor creada hace algunos años y perfeccionada una mañana de domingo...

lunes, 22 de julio de 2013

Pie de limón


Galleta triturada, un poco de mantequilla.
Leche condensada, limón y huevo.
Son pocos los ingredientes necesarios para preparar uno de los postres mas queridos y vendidos, aunque es necesario ser preciso y tomarse el tiempo necesario para que salga bien. No se necesita de mucho, no tienes que ser el mejor del mundo.
No se requiere de años y años de práctica para saber hacerlo. Tampoco es simple, pero es posible hacerlo bien.

Para ser un buen amigo, para forjar una amistad, no se requiere de mucho. Añade un poco de cariño, una pizca de picardía y recuerdos cómicos, algo de lagrimas que tuviste que secar, compañerismo... En realidad, no es mucho.

Lamentablemente, solemos olvidar algunos de los ingredientes mas importantes.
La confianza que perdemos al faltar a nuestras promesas...
La traición de volver publico aquello que era un secreto que mantener bajo candado...
El dejar a aquel que ruega por tu presencia cuando necesita de todo el apoyo posible para volver...

No necesitamos ser perfectos, solo pensar que necesitarías ponernos en el lugar de aquel "amigo" que nos necesita y que quizá ya defraudamos.

Un amigo es un ser muy valioso, incluso superando a ese tan deseado amor de tu vida ("los novios pueden ir y venir, pero los verdaderos amigos son eterno", escuché en algún lado). No los pierdas, no cometas errores tan grandes que alejes a personas que realmente te valoran y estarían contigo si tan solo se los permitieras.

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Nota 1: es solo una opinión.
Nota 2: inspirado en una amistad perdida que giraba en torno a este peculiar postre.
Nota 3: Algo decaído, se nota?